A la deriva de la acera, viendo los aparadores va viendo el reflejo de una persona la cual carece de un fin, de un motivo, de algo que le haga vivir. Tras dos décadas de vivir en un letargo, en un estado zombi del cual estaba consiente a través del reflejo que emanaban todas las superficies pulidas como la de este aparador de confites, encontró otro reflejo perplejo viendo su reflejo, interesado por estos ojos carentes de brillo. Al girar para materializar ese cuerpo se encontró con una esquina repleta de todos, pero vacía de lo que buscaba.
Siguió buscando al propietario de ese reflejo, de ese interés, de esa preocupación externada con sólo gestos. La búsqueda lo guio a ninguna parte, aunque convirtió el letargo en vida y la vida en interés, interés por seguir buscando a aquella persona que sólo, tal vez, se interesaba no en el sino en los confites en el aparador.
No hay comentarios:
Publicar un comentario